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La frente, a partir del hueso nasal, se dirige hacia atrás y vuelve a aplanarse hacia el occipucio. El borde del ojo es algo prominente, la mandíbula débil, los músculos masticatorios están apenas esbozados, y la trompa se inserta en la frente sin sobresalir. El dedo táctil y prensil del extremo de la trompa es tan ancho que casi no merece ese nombre. Los orificios nasales, alargados y verticales, se encuentran situados en una depresión en forma de cáliz; el labio inferior, corto y redondeado, no es colgante y el animal suele mantenerlo cerrado. Los ojos son pequeños, con el iris castaño amarillento o rojizo claro. Las orejas, muy grandes como ya se ha dicho, se insertan en la parte superior de la cabeza. El cuello ostenta una pequeña cresta de pelos; asimismo unos pocos y ralos pelos castaño oscuros, de 10 a 15 cm de longitud, cuelgan del pecho y del vientre. Los pelos del mechón caudal, parecidos a alambres, pueden llegar a medir 40 cm y a veces más.

A pesar de su corpulencia, no es agresivo, y sólo ataca al hombre cuando está asustado o ha sido herido.

El sentido de la vista no está muy desarrollado en el elefante, pero en cambio son excelentes su oído y su olfato. Resulta prácticamente imposible aproximarse al animal cuando éste está situado en la dirección del viento.

En Africa se han dado casos de elefantes armados de dobles o triples defensas. Esas defensas de los elefantes (vulgarmente mal llamadas colmillos) varían bastante, en forma y color, según las regiones; y tales diferencias son tan marcadas que los conocedores del marfil pueden determinar, al observarlas, el lugar de donde provienen los elefantes. Las más largas son, las de los elefantes africanos, y en especial las de los que viven en la región de los lagos. Sir Samuel Baker llevó a Europa una que medía 3,27 m de longitud. y se dice que en la antigüedad había algunas que llegaron a pesar 120 y 130 kg, si bien nunca ha sido demostrado.

El elefante vive en las grandes selvas, sobre todo en las que abunda el agua. Pero su vida no está vinculada a ellas, ya que cambia de morada según las circunstancias y muchas veces emigra recorriendo grandes distancias; por ejemplo, en la mayor parte de Africa, durante varios meses sólo se le encuentra en las estepas abiertas, con árboles y arbustos cargados de fruta casi madura, o bien en los pantanos, donde crecen los juncos y las cañas. Para la vida de estos animales es indispensable la abundancia de agua: los rebaños van de un río a otro, de una laguna a otra, descansando allí donde encuentran agua para abrevar y humedecer y limpiar la piel. En sus cambios de residencia suelen recorrer casi siempre los mismos caminos o a veces los trazan nuevos. No se preocupan lo más mínimo de los obstáculos que encuentran a su paso: atraviesan a nado lagos y ríos; se abren camino, sin dificultad, en las selvas vírgenes más espesas y ascienden por caminos altos y rocosos.

La antigua creencia de que los elefantes no pueden acostarse es completamente errónea; para darse cuenta de ello basta observar a los elefantes que los circos suelen presentar al público. No obstante este proboscídeo no duerme siempre acostado, siendo muy frecuente que lo haga de pie; pero cuando quiere adoptar una posición más cómoda se acuesta y se levanta de su yacija con la misma facilidad con que ejecuta los demás movimientos habituales.

El elefante posee una voz sonora, con la que expresa sus emociones con una gama de sonidos muy amplia. Expresa el bienestar con un murmullo bajo y gutural, o bien mediante un chillido prolongado que se produce en la trompa; si se asusta, el animal emite un barrito con profundas notas de pecho; si está enfurecido o herido lanza un incesante sonido gutural, y si se le ataca su voz semeja la de un trombón o adquiere caracteres de agudísimo chillido.

Actualmente, en Africa, los elefantes, lo mismo que otros muchos animales, se hallan protegidos en las amplias y seguras reservas de los parques nacionales, donde viven en plena libertad pero a salvo de los cazadores.

El elefante africano vive actualmente en una amplia zona de Africa, desde Guinea al Sudán y desde Tchad a Rhodesia, y sobre todo en las reservas de los parques nacionales.
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